Los coristas: gesto y metáfora

Película: Los Coristas
Director: Christophe Barratier
Guión: Christophe Barratier, Philippe Lopes-Curval.
Francia-Suiza-Alemania, 2004
Música: Bruno Coulais
Aquí vienen llegando trazas de una metáfora “a media luz”, como sucede semejantemente en este medio vital de transporte, como también en las insinuaciones enfocadas en esta pieza cinematográfica. La atenuación la percibo en las pasajeras y excitantes expresiones del himno de la noche, que tienen el poder de acentuar apasionantemente el relato y transmitir vivamente el encantamiento frágil de la luz disminuida y diseminada a los humus y humores de la tierra.
Tal vez sea arduo avistar con claridad hoy, tanto los lugares de proveniencia, de providencia del gesto metafórico, a la par que su sentido, quedando quizás sólo el rastro de lo sentido, esto a lo mejor es lo que hace sentido; sin embargo nos es dable escuchar aquí, como lo hacen los espectadores y náufragos comparecientes, empleando la metafórica existencial del altamar indagada por Hans Blumenberg, un dulce e incitador susurro.
Aquí, en este espacio fractal y en este tiempo cuántico sugerido en algunos instantes por la pieza, nos estamos envolviendo con la imagen de una cálida composición a través de multiplicidad de diferencias alegres que son acogidas afectivamente; sólo es posible la metafórica de los coristas, cuando hay radicalmente seres acogidos diferentes, deferentes y en rítmicas y tonos diferidos, en este caso: barítonos, bajos, sopranos, altos, mezzosopranos [...] igualmente pienso desplazándome un poco que, para la educación, tal posibilidad se instalaría como telón de fondo para un gesto esmeradamente otro y conjuntamente como acontecimiento ético, allende de la prescripción de la acción-reacción, que repiquetea pesadamente a lo largo de la película a modo de imperativo de conminación, coerción y castigo.
La imagen se multiplica, cuando a la ética le conferimos el carácter de excepcionalidad frente a lo otro y a su vez la potencia necesaria para su devenir estético en esfuerzo metafórico. La película es ante todo una composición rítmica de matiz metafórico, que nos lleva más allá de sus semblantes educativos, a las fronteras quizás minoritarias del ser-conjunto, de la micropolítica, de sentir en la confianza frágil de seres singulares y en la exhortación de sus atmósferas claroscuras, un plus de humanidad sensible y sobretodo delicadamente gozosa. Lo que se da en el film, es el paso de un intempestivo desliz invernal a la sensación alegre y vital de una primavera que abre posibilidades a los seres singulares. La lluvia condimentada por un periodo aciago de disciplinamiento de los cuerpos, de los deseos, va embragándose alambicadamente a partir de la afección de Mathieu, un músico que ha fracasado ante las lógicas egregias del Gran Genio creador, viéndose impulsado por su sensibilidad que hace concreción en su lenguaje expresivo más gozoso y por su gesto de leer lo más próximo, recogiendo la tensión de la realidad que le había sido dada vivir, en clave de las virtualidades inscritas en sus grafías clandestinas, y partituras al margen, y que en el decurso de la película se van constituyendo en lo que a mi modo de sentir, enuncia Foucault al tenor de las Técnicas de sí, como proceso y práctica de subjetivación, como cuidado de sí mismo en ángulo ético-estético.
Para sentir el gesto bello al que nos tienta la película, tal vez nos exija más que apropiarnos del sentido explícito mostrado por las escenas y los diálogos, incorporarnos a los destellos que van emergiendo después de acontecida la guerra. Qué hacer entonces después de la venida del acontecimiento, desprendernos de éste o intentar su próximos encadenamientos?
El sentido de los coristas nos encadena en una indagación vital por nuestros oasis placenteros y expresiones más gozosas, a la dimensión ética que antecede toda construcción de conocimiento, sus intrínseca relaciones y a los modos como se cierne la esperanza en la hibridación y composición de experiencias intensamente desafiantes y alegres de nuestro ser-en-el-mundo. Además en trance pedagógico, intensifica la experiencia del ser aquí y ahora del maestro, que como Mathieu, ejerce su poder y sus potencialidades para fraguar inéditos modos y estilos de vida, incitando en su reparto afectivo y amoroso a venideros despliegues vivos y creativos de los aprendices.


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